Delirio, una realidad para el “delirante”. Una que se vive como tal a pesar de que todos a su alrededor digan que lo que él o ella vive no es verdad. Quizás la verdad de todas las cosas sea tarea de cada uno de nosotros y quizás, la realidad en su totalidad pase por nuestra imaginación. Tal vez, el peso que sentimos sobre nuestras espaldas es el de andar casi a ciegas forzándonos a ver realidades que otros quieren para nosotros.A menudo, cargamos con pesos ajenos y propios; algunas personas cargan por inercia y otras siempre cargan atentas a una transformación. En determinado momento, luego de la consciencia del dolor, despierta en aquel que ya no quiere cargar, un nuevo sentir, una nueva realidad.Todo lo que puede tocar es dolor, carga y pesar pero esperanza, fuerza y paz es todo lo que quiere sentir y encontrar, entonces…comienza un nuevo caminar.Sin medios materiales para escapar de la vieja realidad, con gentileza se vuelca a ese delirio que quiere disfrutar. Día a día se trata de emancipar, trata de incidir en lo único que puede transformar. En lo único, encuentra lo personal y en el reflejo esa agua que lo empapa puede ver que su delirio es en realidad, la verdad.
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